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Horacio. La lírica del carpe diem.

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domingo, 21 de marzo de 2010

Comentario de texto: Romeo y Julieta de William Shakespeare

Acto III
Entran ROMEO y JULIETA arriba, en el balcón.
JULIETA
¿Te vas ya? Aún no es de día.
Ha sido el ruiseñor y no la alondra
el que ha traspasado tu oído medroso.
Canta por la noche en aquel granado.
Créeme, amor mío; ha sido el ruiseñor.
ROMEO
Ha sido la alondra, que anuncia la mañana,
y no el ruiseñor. Mira, amor, esas rayas hostiles
que apartan las nubes allá, hacia el oriente.
Se apagaron las luces de la noche
y el alegre día despunta en las cimas brumosas.
He de irme y vivir, o quedarme y morir.
JULIETA
Esa luz no es luz del día, lo sé bien;
es algún meteoro que el sol ha creado
para ser esta noche tu antorcha
y alumbrarte el camino de Mantua.
Quédate un poco, aún no tienes que irte.
ROMEO
Que me apresen, que me den muerte;
lo consentiré si así lo deseas.
Diré que aquella luz gris no es el alba,
sino el pálido reflejo del rostro de Cintia,
y que no es el canto de la alondra
lo que llega hasta la bóveda del cielo.
En lugar de irme, quedarme quisiera.
¡Que venga la muerte! Lo quiere Julieta.
¿Hablamos, mi alma? Aún no amanece.
JULIETA
¡Si está amaneciendo! ¡Huye, corre, vete!
Es la alondra la que tanto desentona
con su canto tan chillón y disonante.
Dicen que la alondra liga notas con dulzura:
a nosotros, en cambio, nos divide;
y que la alondra cambió los ojos con el sapo:
ojalá que también se cambiasen las voces,
puesto que es su voz lo que nos separa
y de aquí te expulsa con esa alborada.
Vamos, márchate, que la luz ya se acerca.
ROMEO
Luz en nuestra luz y sombra en nuestras penas.

[Entra el AMA a toda prisa.]
AMA
¡Julieta!
JULIETA
¿Ama?
AMA
Tu madre viene a tu cuarto.
Ya es de día. Ten cuidado. Ponte en guardia.
[Sale.]
JULIETA
Pues que el día entre, y mi vida salga.
ROMEO
Bien, adiós. Un beso, y voy a bajar.
[Desciende.]
JULIETA
¿Ya te has ido, amado, esposo, amante?
De ti he de saber cada hora del día,
pues hay tantos días en cada minuto...
Ah, haciendo estas cuentas seré muy mayor
cuando vea a Romeo.
ROMEO [abajo]
¡Adiós! No perderé oportunidad
de enviarte mi cariño.
JULIETA
¿Crees que volveremos a vernos?
ROMEO
Sin duda, y recordaremos todas nuestras penas
en gratos coloquios de años venideros.
JULIETA
¡Dios mío, mi alma presiente desgracias!
Estando ahí abajo, me parece verte
como un muerto en el fondo de una tumba.
Si la vista no me engaña, estás pálido.
ROMEO
A mi vista le dices lo mismo, amor.
Las penas nos beben la sangre Adiós.
Sale.
JULIETA
Fortuna, Fortuna, te llaman voluble.
Si lo eres, ¿por qué te preocupas
del que es tan constante? Sé voluble, Fortuna,
pues así no tendrás a Romeo mucho tiempo
y podrás devolvérmelo.


Este es uno de los momentos más atractivos y más hermosos de Romeo y Julieta de William Shakespeare. Se podría decir que, en este acto III, nos hallamos en el corazón mismo de la tragedia y que los destinos y los caminos que han guiado a los amantes hasta este punto van a adquirir a partir de ahora una resolución inexorable. Por lo demás, nos hallamos aquí con los grandes temas del teatro isabelino y el paradigma estético en que se desenvuelve el amor cortés.
Romeo y Julieta (1597) es una de las tragedias más celebradas de Shakespeare (1564-1616) y uno de los ejemplos más eximios del teatro que se desarrolló bajo los reinados de Isabel I y Jacobo I, lo que se conoce como teatro isabelino. Junto a Hamlet y Macbeth, Romeo y Julieta es la obra que más veces ha sido representada. Son también muy populares las obras de Christopher Marlowe (Fausto, Hero y Leandro), Ben Jonson (Volpone, El alquimista), Thomas Kyd (Tragedia española) o John Webster (El diablo blanco, La princesa de Malfi).
La historia que se representa en Romeo y Julieta forma parte de una larga tradición de romances trágicos que se remontan a la antigüedad, por más que el argumento está basado en la traducción inglesa (The Tragical History of Romeus and Juliet, 1562) de un cuento italiano de Mateo Bandello, realizada por Arthur Brooke, que a su vez se basó en la traducción francesa hecha por Pierre Boaistuau en 1559. Las historias de Tristán e Isolda, Píramo y Tisbe, Dafnis y Cloe, Hero y Leandro, Calixto y Melibea o los amantes de Teruel resuenan en el trasfondo de esta historia de amor irrefrenable y trágico.
Así pues, Shakespeare tomó varios elementos de todas estas obras, aunque, con el objeto de ampliar la historia, creó nuevos personajes secundarios como Mercucio y Paris. En cuanto a la fecha de escritura, la crítica señala que comenzó a escribir Romeo y Julieta en 1591, terminándola en 1595. Otras hipótesis mantienen que la terminó de escribir en 1597.
Romeo y Julieta cuenta la historia de dos jóvenes enamorados que, a pesar de la oposición de sus familias –Montesco y Capuleto, respectivamente-, rivales entre sí, deciden luchar por su amor hasta el punto de casarse de forma clandestina. Sin embargo, la presión de esa rivalidad y una serie de fatalidades conducirán finalmente al suicidio de los dos amantes. La relación entre sus protagonistas los ha convertido en el arquetipo de los llamados star-crossed lovers.
La técnica dramática utilizada en su creación ha sido elogiada como muestra temprana de la habilidad del dramaturgo. Entre otros rasgos, se caracteriza por el uso de fluctuaciones entre comedia y tragedia como forma de aumentar la tensión, por la relevancia argumental que confiere a los personajes secundarios y por el uso de subtramas para adornar la historia. Además, en ella se adscriben diferentes formas métricas para los distintos personajes, que, en ocasiones, terminan cambiando de acuerdo con la evolución de los mismos personajes; por ejemplo, Romeo se va haciendo más experto en el uso del soneto a medida que avanza la trama.
El fragmento recoge el amanecer de los amantes, que se preguntan si ha cantado el ruiseñor y es aún de noche o si ha sido la alondra, que anuncia la mañana. Lo trágico es que el momento de la separación está ahí y Romeo debe partir hacia el destierro a Mantua tras haber acabado con la vida de Teobaldo. El amor y la muerte recorren este momento del drama, indisolublemente unidos. La tensión y el patetismo se resuelven elegíacamente, pues Romeo baja, al fin, del balcón y Julieta presiente desgracias futuras. El fragmento se cierra con la invocación de Julieta a la Fortuna –que preside los destinos- y su volubilidad. Alea jacta est. El fatum rige las vidas de los amantes.
Poéticamente nos hallamos ante una “albada”, ese género poético provenzal que cuenta los momentos de turbación de los amantes, cuando tras la noche juntos se han de separar por la proximidad del día. Es un fragmento intenso, emocionante y decisivo, pues en él están ya escritos los acontecimientos futuros. Un halo funesto y trágico sobrevuela la escena: “me parece verte/ como un muerto en el fondo de una tumba”, dice Julieta.
Dramáticamente, nos encontramos con la intervención de tres personajes centrales en la obra: el diálogo de Romeo y Julieta y la llamada del ama, que avisa a Julieta de la cercanía peligrosa de la madre. Los esposos se hallan envueltos en peligro, su amor crece entre la violencia y la amenaza, el mundo parece haberse aliado en contra de sus deseos. El peso central de este diálogo final recae en Romeo y Julieta. La aportación del ama es circunstancial y ancilar.
En el diálogo de los amantes, que transcurre en un ambiente en que confluyen el idealismo y la tragedia, nos encontramos con la manifestación preclara del amor cortés. El amor que puede con todo y por el que se debe entregar la vida. El amor que tiene la condición de los sueños y que envuelve en su velo de seda a los amantes como en una clepsidra en que la ilusión es posible y las fuerzas de la pasión y el erotismo son capaces de cambiar el curso de las cosas. El contrapunto a la entrega incondicional de los amantes lo ponen los condicionantes sociales y morales: la enemistad de las familias, la persecución de Romeo, la muerte de Mercucio y Teobaldo, que trazan la singladura trágica posterior, etc. Amor, muerte y restricciones morales y sociales se dan simultáneamente
Estilísticamente, es éste un ejemplo del lenguaje del amor cortés, que adopta una elegancia poética sublime en boca de los amantes. Es el lenguaje amatorio de Petrarca y Garcilaso. En las palabras de los jóvenes observamos el idealismo con que han sido trazados los personajes y la idealización de los sentimientos. Destaca, en especial, la plasticidad descriptiva de algunos momentos: “Mira, amor, esas rayas hostiles/
que apartan las nubes allá, hacia el oriente./ Se apagaron las luces de la noche/ y el alegre día despunta en las cimas brumosas.” Otras veces el discurso es rápido y directo y hace palpable la tensión: “JULIETA
¡Si está amaneciendo! ¡Huye, corre, vete!”. Las metáforas sobre el tránsito de la noche al día son radiantes: “Luz en nuestra luz y sombra en nuestras penas.” La expresividad del desgarro íntimo que subyace queda traducida en exclamaciones e interrogaciones retóricas: “¿Ya te has ido, amado, esposo, amante?”; “¡Dios mío, mi alma presiente desgracias!”. Los epítetos y la adjetivación le confieren al parlamento el tono emotivo y sombrío que necesita: “rayas hostiles”, “cimas brumosas”, “luz gris”, etc.
Por lo demás el texto recoge algunos de los tópicos literarios más frecuentes en la literatura del Renacimiento, lo que traduce una clara deuda clásica: amor post mortem, tempus fugit, la Fortuna, etc.
La maestría y la intuición shakespearianas se ponen de manifiesto en esta escena de Romeo y Julieta. En ella nos encontramos con el amor en su máxima expresión, con el dolor, que inunda cada momento, y con el terrible y funesto presagio de la muerte futura. Como star-crossed lovers, Romeo y Julieta dan su vida por el sueño de una pasión incontenible, hecho que proclama la mentalidad hedonista del Renacimiento. Frente al materialismo y las convenciones burguesas, el apasionamiento y la cortesía de estos amantes italianos ensalzan la maravilla del sentimiento y el descubrimiento del hombre como voluntad y emoción, además de como razón.